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Aunque todos van con cierto temor, la experiencia de la granja escuela Arlanzón en tercero de primaria resulta siempre fantástica e inolvidable.

Son tres días realmente intensos, llenos de actividades y aprendizajes. ¿Qué creéis que se puede hacer en tan poco tiempo? 

Rosquillas, bizcocho, pan…todo ello casero, hecho por ellos mismos para desayunar al día siguiente (confiamos en que os enseñen a hacerlo en casa). Además, compartir dormitorio (¡lo que nos cuesta dormir la primera noche con tantas emociones y amigos!), comedor (algunos prueban alimentos por primera vez allí), juegos (de día y de noche…) y talleres donde aprender de animales, de la huerta, de arquitectura serrana, de los oficios del ayer, de los molinos; el grano y la harina.

Las excursiones serían lo mejor si no fuera por la emoción de la ducha compartida y de la fiesta donde hay que sacar a bailar a l@s chic@s. Después de esto, esa noche se duerme mejor, tras el cansancio del baile y las cosquillas en el estómago.

Tenemos la sensación de compartir en tres días más de lo que hacemos en gran parte del curso. Aunque toda esa mochila de experiencias vuelve una y otra vez en las aulas, los meses posteriores, cada vez que se comenta algo que remotamente tenga que ver con lo aprendido allí. Eso sí es aprendizaje vivido.

Es verdad que la lluvia, a veces, no nos deja jugar en el campo de fútbol, pero siempre nos respeta la excursión al pueblo y los ratos de tiempo libre. ¿Qué más se puede decir? Quizás, que, año tras año, queremos que dure algo más, a pesar de echar mucho de menos los mimos de la familia.

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